Los aspectos más valorados por los expertos para trazar un camino a seguir en arquitectura y urbanismo son la sostenibilidad y la escala, la integración en el espacio, la tradición, la educación y la conciencia cívica. Esta debe ser la guía de futuro si aún se quiere apostar por la normalidad, el equilibrio y la belleza en el tratamiento del paisaje de Galicia, por intentar un regreso a aquella Arcadia feliz.
En la sensibilidad y la lucidez que otros colectivos humanos han demostrado con sus ámbitos de vida y trabajo edifica Xoán Creus una pedagogía razonable. El arquitecto enfrenta la dejadez que arruinó la fachada de las villas costeras gallegas que han crecido desaforadamente con el esmero con que han cuidado sus bártulos los pescadores. «El dinero que aflora y busca rendimiento rápido en el negocio inmobiliario asociado al turismo no ayuda a generar modelos adecuados con la naturaleza y el entorno constructivo», arguye. Mientras, agrega, de esa comunidad salen los marineros que han sabido conservar aperos y embarcaciones, «un patrimonio cultural tradicional riquísimo que sigue muy vivo, y que no dejó de incorporar tecnologías y materiales nuevos».
Experiencias placenteras
En ese esfuerzo pedagógico, el arquitecto Salvador Fraga destaca los logros de la red viaria local y comarcal en su adaptación a la orografía que le da forma. «Es una telaraña compleja que, además de integración en el terreno, logró hacer accesibles parroquias y lugares. Galicia es hoy muy accesible», elogia. Esta magnífica malla, recuerda, requiere pocos retoques, solo debe estar bien señalizada y asfaltada. «Su respeto al espacio, soutos, ríos, valles, bosques, su interpretación de las curvas de nivel, convierten recorrido y viaje en experiencias placenteras». Hay que olvidarse -advierte- de mayores destrozos y costosos desmontes para disponer rectas y que los coches puedan cobrar velocidad. Porque el siguiente paso es el aumento de la siniestralidad y del gasto para habilitar rotondas que regulen esa velocidad. «Bajar a Carnota es un espectáculo para los sentidos. Lo importante es llegar». Es algo que entendieron en el Reino Unido y los países nórdicos, subraya Fraga, que anota que esto se percibe también en el acceso a Galicia por ferrocarril, que sigue «la vía natural que ya usaron antes romanos, árabes y Napoleón. Por algo será», zanja.
En contraposición, el arquitecto Xan Rodríguez cita las carreteras nacionales y de la Xunta, «que atentan contra a paisaxe onde se insertan». Motivadas por el ahorro a corto plazo en inversión, la Administración apuesta, por ejemplo, por «drásticas excavacións do monte en vez de facer un semitúnel». Las infraestructuras públicas, exhorta, precisan meditación.
El eucalipto y el pino
Creus ve una grave forma de feísmo en la explotación forestal indiscriminada, la que impuso especies únicas como eucalipto y pino. La destrucción del paisaje, dice, es notoria, como lo fue en casos de concentración parcelaria en que el viario se usó con aprovechamientos seudourbanísticos. «En ambos ejemplos -apunta- ha habido falta de conciencia, especulación y dejadez en la disciplina por las autoridades». Todo lo contrario, subraya, de lo que supone la recuperación del viñedo en las riberas del Sil, donde el hombre supo conjugar formas de cultivo tradicional con nuevas tecnologías, recuperó variedades de uva y plantó otras.
Deben superarse asimismo, insta Creus, esos PXOM que se redactan para contentar a la Administración local contratante. Y también, ante el desmadre, hay que «paralizar y pensar, como se hizo con el Plan do Litoral (POL) de Galicia a pesar de las críticas que ello suscitó».
Contra «el desorden desigualitario que pretende instaurar» el POL advierte el abogado experto en urbanismo Enrique Sánchez-Goyanes, que, apunta, crea «curiosos dientes de sierra para dejar dentro o fuera de sus exigencias a ciertas propiedades costeras que aparentemente estarían en situación similar». No es que en urbanismo, razona, no se puedan crear desigualdades (por naturaleza, son inevitables, véase el vecino al que le cae encima de su parcela una calificación de zona verde), pero «hay que motivar convincentemente el porqué de ese trato desigual».
Fuente: La Voz de Galicia